Tratamiento de una Sacro-ileitis

1. Tratamiento Conservador: El tratamiento conservador puede ser por ejemplo la aplicación de frío local, medicamentos antiinflamatorios, y reposo en la etapa aguda. En cuanto el dolor ha disminuido, ya se pueden realizar otras actividades para restituir la normalidad mecánica:
  • técnicas de medicina manual
  • la estabilización pélvica
  • ejercicios para el control postural dinámico
  • ejercicios de reforzar para el equilibrio del tronco y las extremidades inferiores.
2. Tratamiento de Fisioterapia y ejercicios: Aunque no existan estudios que valoren el efecto de la fisioterapia, es un aspecto importante en el tratamiento de este síndrome:
  • el ejercicio aeróbico,
  • los ejercicios de estabilización
  • ejercicios de restauración del alcance de movimiento
La fisioterapia proporciona:
  • la estabilización pélvica
  • la restauración postural
  • el fortalecimiento de la dinámica originadas por debilidad de músculos
  • normaliza la marcha
  • equilibra los músculos
  • vuelve la funcionalidad de la articulación sacro-ilíaca
  • fortalecimiento del tronco y de las extremidades
  • relaja la articulación sacro-ilíaca
  • refuerza la articulación sacro-ilíaca
  • estira los músculos acortados
  • fortalece los músculos debilitados
3. Utilización de Aparatos Ortopédicos: Algunos profesionales están a favor del uso de prótesis ortopédicas en el tratamiento de la articulación sacro-ilíaca para disminuir el dolor, favorecer la estabilización pélvica, mejorar el movimiento y la propiocepción de la articulación.

4. La Terapia Manual o la Quiropráctica: Son medios de tratamiento de la disfunción de la articulación sacro-ilíaca para obtener la estabilización.

5. Las Inyecciones: Si el tratamiento conservador falla o el paciente está en un período de estancamiento insatisfactorio, las inyecciones de anestésicos locales y de corticoesteroides pueden ayudar a reducir el dolor y a facilitar la rehabilitación. Estas infiltraciones se realizan por debajo de la piel y tejidos subcutáneos con lidocaína al 1% y se utiliza un medio de contraste no iónico como por ejemplo, Iohexol o iopamidol. Los anestésicos y esteroides que se pueden aplicar pueden ser combinados con hidrocortisona, betametasona, triamcinolona o metilprednisolona. Las inyecciones más profundas atraviesan los ligamentos sacro-ilíacos e interóseos dorsales, hasta alcanzar la articulación sacro-ilíaca. La capacidad volumétrica de la articulación sacro-ilíaca es de 3 a 5 ml como máximo.

6. La Radiofrecuencia: Se utiliza la radiofrecuencia para realizar la denervación con agujas en la articulación, y también para realizar la prueba de estimulación sensitiva (50 Hz/hasta 1 V) y motora. Es recomendado aplicar radiofrecuencia a las facetas y al ganglio de la raíz dorsal para adquirir un tratamiento completo. La aplicación de la radiofrecuencia pulsada al ganglio de la raíz dorsal de S1, S2, S3 y radiofrecuencia continua a las ramas medias de L4 y L5 es lo más adecuado, y alivia los síntomas residuales a la denervación de la articulación. Después de la denervación con radiofrecuencia algunos pacientes llegan a presentar molestias en el área del glúteo, dolor pélvico o dolor referido a la cara posterior del muslo, que desaparece en 10 a 15 días.

7. La Crioterapia: La crioterapia conocida como crioanalgesia o crioneurolisis, es una técnica especializada que provee mejoría del dolor a largo plazo y forma parte importante dentro del armamento terapéutico intervencionista del dolor. En la crioanalgesia se obtiene una temperatura de -190ºC para la aplicación de frío en el tejidos nervioso, causando un bloqueo de la conducción similar al efecto de los anestésicos locales. El alivio del dolor a largo plazo con la congelación de los nervios ocurre debido a que los cristales de hielo generan lesión a la vasa nervorum, lo que produce edema endoneural grave, creando la degeneración Walleriana sin dañar la vaina de mielina y dejando al endoneuro intacto.

8. La Cirugía: La cirugía más utilizada es una fijación quirúrgica de la articulación sacro-ilíaca, y se realiza en casos de una articulación altamente inestable. Se produce una estabilización que reducirá el dolor y la incapacidad, aunque esto no está totalmente comprobado. Muchas veces los casos están relacionados con una debilidad ligamentosa de la articulación sacro-ilíaca, y el dolor se alivia entre un 50% a un 90% de los casos.
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